
La piel del cielo es una poderosa novela de Elena Poniatowska, ganadora del premio Alfaguara de novela en el 2001, que desarrolla el tema de "hacer ciencia" en los países pobres de América Latina. Es la historia de Lorenzo de Tena, un astrónomo que deberá luchar más contra la estructua social y la trama burocrática y política de su país que contra la academia.
Lorenzo de Tena nació en la década los veinte, hijo de madre soltera y de un señorito y su brillantez le permitió trabar amistad con los hijos de la clase más acomodada. Inteligente desde su niñez, Lorenzo De Tena sobresale entre sus compañeros, pero su origen y su carácter inconformista, rebelde y cuestionador de la vida y de las normas que la sociedad le impone le apartan del destino que se abre ante él como dirigente de México. En la juventud, se involucra en política y se relaciona con importantes líderes de izquierda; conoce a Luis Enrique Erro, dedicado hombre de ciencia y política que lo involucra con la astronomía. Con esto Lorenzo descubre su verdadera pasión: el cielo y las estrellas, que ahí están, igual que él, pero sólo para que poca gente los descubra. Como astrónomo encuentra en la ciencia la explicación del mundo, curiosidad insaciable que aparece desde la primera frase del libro. Su amigo Revueltas le dirá, al saber que Lorenzo se ha convertido en astrónomo: “¡Ah, hermano, creo que has encontrado aquello sin lo cual no podrás vivir!” Lorenzó vivirá entre los demás, caminará con ellos, los escuchará, comerá, sonreirá, pero él tendá un mundo propio mucho más real que el de la vida diaria. Y sólo aguanta la cotidianidad por la esperanza de volver al telescopio. La vida de las estrellas le resulta más auténtica que la de los hombres, a quienes escucha con extrañeza y sin curiosidad.
Esta actitud si bien es de enorme entrega también produce distanciamiento, mal humor y cierta incapacidad de apreciar la dimensión más cercana de su entorno, en beneficio de un talento excepcional para observar las estrellas, para interpretar los datos, aun con medios limitados. A pesar de su talento, su carrera es frustrante muy a menudo y debe sobrepasar toda clase de barreras (sociales, política y burocráticas) para realizar su vocación.
La autora muestra a los científicos y en especial a los astrónomos como seres humanos, sin estereotipos. Seres humanos con defectos, interesados por su mundo y preocupados por el desarrollo de su país, pero también con frustraciones y alegrías. Lorenzo de Tena tiene clara postura respecto al desarrollo de la ciencia en los países pobres y sostiene que sólo enviando a ciertos jóvenes a estudiar a los Estados Unidos a cursar maestrías y doctorados en las universidades gringas, se podría competir a nivel mundial. Si bien De Tena es un personaje ficticio, mucho de lo que se cuenta en la novela es real, tales como las menciones a Luis Enrique Erro y los Observatorios de Tonantzintla y Tacubaya. Leí por ahí que esta historia es una especie de biografía ficcionada de Guillermo Haro, astrónomo ya fallecido y esposo de la autora.
Como todas las novelas de Poniatowska, esta novela también ilustra la vida de México del siglo XX con detalles de la vida cotidiana, descripciones de sus ciudades y sus sistemas político y social. Una muy buena novela para leer con tiempo.